Los timbales son la percusión de altura definida por excelencia de la orquesta: no hacen ruido, hacen notas. Cada timbal es un casco con un parche, y su nota se cambia con un pedal que aprieta o afloja ese parche. Un juego completo son cinco, y entre todos recorren del Re₂ al Do₄, casi dos octavas.
Que un tambor dé notas no es lo normal: en un parche los modos de vibración no forman una serie armónica y el golpe suena sin altura clara. El timbal lo consigue porque el caldero de aire y el punto de ataque dejan sus modos principales en proporciones casi armónicas —lo cuenta con detalle la serie armónica—.
La pregunta práctica no es «qué digitación tiene esta nota», porque no hay dedos de por medio, sino en qué timbal va y en qué zona de su rango cae. Eso es lo que resuelve el diagrama de aquí abajo.
¿En qué timbal va esta nota?
Elige cualquier nota del registro y se encenderá el parche del timbal donde va, sobre la foto del juego completo. Si también entra en otro, se enciende con trazo discontinuo: ahí cabe, pero no suena igual de bien. Debajo tienes en qué punto de su rango cae. Puedes escuchar la nota con el botón ▶.
El rango de cada timbal
Como referencia, cada timbal cubre alrededor de una quinta justa y solapa con el siguiente, de modo que muchas notas se pueden hacer en dos tambores distintos. Ahí es donde hay que elegir bien.
| Timbal (diámetro) | Rango | Zona de mejor sonido |
|---|---|---|
| Piccolo (51 cm · 20″) | Fa₃ – Do₄ | Sol₃ – Si♭₃ |
| Pequeño (58 cm · 23″) | Re₃ – La₃ | Mi₃ – Sol₃ |
| Mediano (66 cm · 26″) | Si♭₂ – Fa₃ | Do₃ – Mi♭₃ |
| Grande (74 cm · 29″) | Fa₂ – Do₃ | Sol₂ – Si♭₂ |
| Contrabajo (81 cm · 32″) | Re₂ – La₂ | Mi₂ – Sol₂ |
La tercera columna importa más de lo que parece, porque un timbal no suena igual de bien en todo su rango. Cerca de su nota más grave el parche queda flojo: la nota pierde definición y el ataque se emborrona, y cuesta distinguir si el pasaje va a tiempo. Cerca de su nota más aguda pasa lo contrario, el parche va tan tenso que el sonido se estrangula y deja de proyectar.
De ahí la regla práctica: cuando una nota entre en dos timbales, elige el que la deje en su parte media-alta. Un Do₃ suena mucho mejor en el mediano, donde queda cómodo, que forzado en el agudo del grande.
Los tipos de pedal, y por qué se confunden
Casi todas las explicaciones mezclan dos cosas que en realidad son independientes: si el pedal se bloquea o no, y cómo se mueve con el pie. Un mismo timbal combina una opción de cada grupo, y de ahí vienen los líos al comparar modelos.
Si el pedal se bloquea o no
- Trinquete y embrague (sistema Dresde). El pedal queda bloqueado mecánicamente y no se mueve solo. Para cambiar de nota hay que soltar el embrague, pedalear y volver a fijarlo. Es más lento de cambiar, pero la afinación no se mueve sola por mucho que se toque. Viene de la tradición alemana y se sigue montando en instrumentos de gama alta.
- Acción equilibrada, o pedal flotante. Un muelle compensa la tensión del parche, así que el pedal se queda donde lo dejas sin ningún cierre. Se cambia de nota al vuelo, que es lo que hace falta cuando la obra pide cambios seguidos o un glissando. Es lo más extendido, del conservatorio a buena parte de los modelos profesionales, porque se maneja mucho más fácil.
Cómo se mueve con el pie
- Pedal corto, tipo acelerador. Va articulado justo detrás del talón, así que se acciona solo con el tobillo, empujando con la punta como el acelerador de un coche. Es el formato del sistema Dresde.
- Brazo basculante (tipo Berlín). Un brazo largo que pivota en una barra al otro lado del casco. Aquí pisas con la punta para subir y con el talón para bajar, y el movimiento es de toda la pierna: a veces la rodilla llega por encima del aro del timbal.
El afinador fino: la manivela
A partir de los modelos que pasan de la gama básica aparece un tercer elemento, distinto de los dos anteriores: un afinador fino, una pequeña manivela o mando que gira una varilla roscada y mueve a la vez todos los tornillos de tensión del aro, un poco cada uno.
No se usa para elegir las notas mientras tocas, que es el trabajo del pedal, sino para desplazar el rango entero del timbal hacia arriba o hacia abajo con el pedal quieto. Dicho de otro modo: no sustituye al pedal, lo recalibra. Con el pedal abajo del todo el timbal debería dar exactamente su nota más grave; si no la da, eso se corrige con la manivela, no pedaleando.
Hace falta más a menudo de lo que parece, porque el parche se estira con el uso y porque la temperatura y la humedad mueven la afinación: un timbal que quedaba fino en el ensayo puede haberse ido para el concierto.
Las baquetas: la otra mitad del sonido
En los timbales la baqueta cambia el sonido tanto como el propio tambor. No son un accesorio: un timbalista lleva varios pares y los cambia dentro de la misma obra, a veces en mitad de un movimiento.
La cabeza es casi siempre un núcleo de madera o corcho forrado de fieltro, y lo que distingue unas de otras es cuántas capas lleva y cómo de prensadas están. De ahí salen las familias de siempre:
- Blandas. Fieltro grueso y poco prensado. Dan un sonido redondo, con mucho cuerpo y poco ataque. Son las de los redobles, los pianissimo y los pasajes sostenidos, y las que mejor funcionan en los timbales graves.
- Medias o generales. El punto intermedio y la elección por defecto: sirven para casi todo y son con las que se aprende. Si solo vas a tener un par, que sea este.
- Duras. Fieltro fino y muy prensado. El ataque se oye con claridad y el ritmo queda definido: son las de los pasajes marcados y staccato y las que se agradecen en los timbales agudos.
- De madera o fieltro mínimo. Sonido seco y cortante, casi sin cuerpo. Se usan como efecto, cuando la partitura lo pide expresamente.
El mango también cuenta, aunque menos: se hacen en maderas duras y en bambú, y de él dependen el peso, el equilibrio y cuánto rebota la baqueta en la mano.
Y hay un detalle que conecta con el rango: si necesitas definición en el registro grave —justo donde el timbal la pierde— una baqueta algo más dura la recupera. Al revés también funciona: una baqueta dura en un timbal agudo puede sonar seca y desagradable.