El xilófono es el instrumento de láminas de madera de la orquesta y de la banda: seco, cortante y muy penetrante. Sus láminas están ordenadas igual que el teclado de un piano, así que localizar una nota no tiene misterio.
El misterio está en otro sitio, y es el que arruina más ensayos: el xilófono no suena donde está escrito. Suena una octava por encima. Lo que hay en el papel no es lo que sale del instrumento.
Qué nota suena de verdad
Elige una nota escrita y verás cuál sale realmente, con su sonido. La lámina correspondiente se enciende en el teclado.
El rango del xilófono
El xilófono de concierto habitual cubre tres octavas y media. En el papel va del Fa₃ al Do₇; en el aire, del Fa₄ al Do₈. Ese Do₈ es la nota más aguda de un piano.
| Tamaño | Escrito | Suena |
|---|---|---|
| 3,5 octavas (el más habitual) | Fa₃–Do₇ | Fa₄–Do₈ |
| 4 octavas | Do₃–Do₇ | Do₄–Do₈ |
| 3 octavas | Do₄–Do₇ | Do₅–Do₈ |
Por qué se escribe una octava más grave
No es un capricho. Si el xilófono se escribiera donde suena, buena parte de su registro caería muy por encima del pentagrama, en un bosque de líneas adicionales imposible de leer con rapidez. Bajando la escritura una octava, la música cabe en el pentagrama de sol con comodidad.
La consecuencia práctica es doble. Al tocar no hay que pensar en la transposición: se lee y se golpea la lámina, y el instrumento hace el resto. Al escribir o dirigir, en cambio, hay que tenerla siempre presente: un unísono con la flauta sobre el papel sonará a distancia de octava en la realidad.
Xilófono, marimba y lira: parecidos y distintos
Los tres son teclados de láminas y los tres se leen igual, pero suenan en mundos diferentes:
- Xilófono: láminas de madera estrechas, sonido corto y brillante, suena una octava más agudo de lo escrito.
- Marimba: láminas de madera anchas con resonadores largos, sonido cálido y redondo, y suena donde está escrita.
- Glockenspiel o lira: láminas de acero, sonido de campanita, y suena dos octavas por encima.
La confusión más habitual es xilófono/marimba, y hay una regla práctica que casi siempre acierta: si las láminas son estrechas y el sonido se corta enseguida, será un xilófono; si son anchas y el sonido dura, una marimba. El tamaño del instrumento y la baqueta también influyen, así que en un caso dudoso manda el ancho de la lámina.
Las baquetas mandan en el ataque
En el xilófono se usan casi siempre baquetas duras, de plástico, ebonita o madera, porque son las que sacan ese ataque nítido que justifica el instrumento. Una baqueta blanda en un xilófono desperdicia justo lo que se le pide: la definición.
Con las baquetas más duras —las de cabeza metálica o de plástico muy denso— el sonido se vuelve metálico y agresivo, y en láminas de madera pueden llegar a marcarlas. Los pasajes rápidos en dinámica suave piden bajar de dureza, no golpear más flojo.
De qué está hecho
Las láminas de un xilófono de concierto son de palisandro (la madera clásica) o de materiales sintéticos tipo kelon o fibra de vidrio, más baratos y mucho más resistentes a la humedad y a los golpes, que es la razón de que se elijan cuando el instrumento viaja o vive en un aula.
Bajo cada lámina cuelga un tubo resonador afinado a esa misma nota: el aire de dentro entra en resonancia y refuerza el sonido, por eso los tubos son más largos hacia el grave. La lámina lleva además un arco rebajado en la cara inferior, y ese vaciado es lo que afina el instrumento: cuanto más se rebaja, más grave suena.
El xilófono de la escuela no es este
El instrumento que casi todo el mundo toca primero es el xilófono Orff del aula de música: láminas sueltas sobre una caja de madera, en tamaños soprano, contralto y bajo, y con la particularidad de que las láminas se quitan, para dejar puestas solo las notas que pide la actividad y quitar de en medio las que estorban.
Comparte con el de concierto la disposición del teclado y la manera de leerlo, pero no el registro, ni el material, ni la transposición, que en el Schulwerk sigue su propia convención: los sopranos suenan una octava más agudo de lo escrito, los contraltos suenan como están escritos y los bajos una octava más grave. Es decir, que un xilófono Orff contralto no transpone, al revés que el de concierto.
Dónde se oye
El xilófono entra en la orquesta en el siglo XIX y se hace famoso por una asociación muy concreta: el sonido de los huesos. Saint-Saëns lo usa así en la Danza macabra, y a partir de ahí queda ligado a lo esquelético y lo grotesco. Dukas lo emplea en El aprendiz de brujo y Stravinsky, Bartók o Shostakóvich lo usan ya como color de pleno derecho.
En la banda es un instrumento de primera línea: dobla las maderas en los pasajes rápidos y les da un filo que atraviesa el tutti, algo especialmente útil al aire libre, donde el sonido se dispersa.
Tres errores que se repiten
- Olvidar la transposición al escribir. Es el error mayor: la parte suena una octava más aguda de lo que se ve, y un doblaje pensado al unísono acaba en octavas.
- Escribir pasajes lentos y sostenidos. El xilófono no sostiene: una redonda suena como un golpe y silencio. Para sostener hace falta un trémolo escrito.
- Pedir dinámicas suaves con baquetas duras. Es más fácil bajar de dureza que intentar golpear muy flojo con una baqueta de plástico.