Los crótalos son discos gruesos de bronce, afinados uno a uno y montados en un soporte. Suenan a campanita cristalina y la nota se queda flotando muchísimo tiempo. No son platillos pequeños: son un instrumento de altura definida, con su propia escala cromática.
Y traen la misma trampa que la lira: suenan dos octavas por encima de lo escrito.
Qué nota suena de verdad
Elige una nota escrita y se encenderá el disco que hay que golpear, con el sonido que sale de verdad.
El rango y los tamaños
Cada juego de crótalos es una octava cromática: trece discos, del Do al Do. Y aquí está lo que más confunde al ir a comprar o a alquilar: los fabricantes venden por separado la octava grave y la octava aguda. El juego de dos octavas que ves en la foto son, sencillamente, los dos juegos montados en la misma barra.
| Juego | Discos | Escrito | Suena |
|---|---|---|---|
| Octava grave | 13 | Do₄–Do₅ | Do₆–Do₇ |
| Octava aguda | 13 | Do₅–Do₆ | Do₇–Do₈ |
| Dos octavas (los dos juegos) | 25 | Do₄–Do₆ | Do₆–Do₈ |
Ese Do₈ sonante es la nota más aguda de un piano. Por eso los crótalos se oyen aunque toque la orquesta entera: no compiten en potencia, compiten en registro.
Cuidado con la octava del catálogo
Si comparas catálogos verás el mismo juego anunciado con octavas distintas: uno lo llama Do₄–Do₅ y otro Do₃–Do₄. No es que uno esté mal: es que conviven dos maneras de numerar las octavas. En el sistema internacional el Do central es Do₄; en el franco-belga, que es el que se usa habitualmente en España, ese mismo Do central es Do₃. Entre uno y otro hay exactamente una octava de diferencia, y de ahí el lío (así funciona el índice acústico).
Esta página usa el sistema internacional. Al alquilar unos crótalos para un concierto, lo práctico no es fiarse del número, sino preguntar directamente si es el juego grave o el agudo, que es como los nombra todo el mundo.
No son platillos pequeños
La confusión es constante, y se entiende: en inglés se les llama antique cymbals y en las tiendas aparecen junto a los platillos. Pero un platillo y un crótalo son cosas distintas:
- El grosor. Un crótalo es macizo comparado con un platillo: mucho más grueso en proporción a su diámetro, y de ahí que dé una nota clara en vez de un estruendo.
- La altura. Cada disco está afinado a una nota concreta. Un platillo, en cambio, reparte su energía en tantos parciales y tan apretados que el oído no saca de ahí ninguna nota: por eso se clasifica como instrumento de altura indeterminada.
- La manera de tocar. No se entrechocan como platillos de banda: se golpean de uno en uno, montados en su soporte.
Cómo se tocan
Se tocan con las mismas baquetas que la lira: duras, de plástico, nailon o latón, golpeando en el borde del disco. Sobre bronce, cuanto más dura, más cristal y más brillo.
Pero el recurso que hace especiales a los crótalos es el arco: pasando un arco por el canto del disco sale un sonido larguísimo, sin ataque, que aparece de la nada. La partitura no suele decir qué arco: en la práctica se usa el de contrabajo o el de violonchelo, el que haya en la agrupación. Es lo que se pide en la música impresionista y en buena parte del repertorio contemporáneo. También se tocan por parejas, sujetando dos discos y rozándolos por el borde, que es la forma más antigua.
Y una cosa que hay que tener prevista: duran muchísimo. Un disco golpeado sigue sonando bastantes segundos, así que en un pasaje con armonías cambiantes hay que apagarlos con la mano o contra el cuerpo, porque un juego de crótalos no lleva pedal.
Dónde se oyen
Su papel casi siempre es el mismo: un destello que ilumina un acorde o un final. Berlioz fue de los primeros en llevarlos a la orquesta, en el scherzo de la reina Mab de Romeo y Julieta. Debussy los pide en el Preludio a la siesta de un fauno, donde aparecen al final como un brillo suspendido, y Ravel los emplea en Dafnis y Cloe.
En la banda se ven sobre todo en obras de certamen y en repertorio moderno, muchas veces frotados con arco para sostener un color. No es un instrumento de plantilla fija: se alquila o se pide prestado cuando la obra lo exige.
Crótalos y lira: en qué se diferencian
Comparten la transposición —los dos suenan dos octavas por encima de lo escrito— y los dos son metal agudo, así que es fácil confundirlos en una grabación. Se distinguen por otra cosa:
- La lira tiene láminas rectangulares de acero y un sonido más seco y percutido.
- Los crótalos son discos de bronce y su sonido tiene más cuerpo y muchísima más cola, casi de campana.
Si el sonido se queda vibrando y brillando después del golpe, son crótalos. Si se apaga antes, es la lira.
Al escribir para crótalos
- Acuérdate de las dos octavas. Se escribe en clave de sol, dentro del pentagrama, y suena 15ª alta. Escribirlos donde suenan llena la parte de líneas adicionales.
- Comprueba de qué juego dispones. Si la obra pide notas de las dos octavas y solo hay uno de los dos juegos, la mitad de las notas no existen.
- Indica si van con arco. Con baqueta y con arco son dos instrumentos distintos, y el intérprete necesita saberlo con tiempo para preparar el arco.
- Deja aire. La resonancia es muy larga: pasajes rápidos se emborronan y las armonías se acumulan.